El escritor
Hay imágenes estáticas
y otras que juguetean en mi pobre memoria,
la ciudad cambia con la lluvia,
desaparecen las referencias de juventud.
Todo el mundo parece tener prisa,
camina con violencia,
indiferente al resto de transeúntes
o a la hermosura del otoño.
En la exposición hay sobre todo mujeres jóvenes,
también hombres mayores, bien vestidos,
es un hito cultural el centenario de su muerte,
el reconocimiento al genio trabajado que no cesa.
Está el retrato de Sorolla y su casa frente al mar;
en una película iniciática juguetea con su perro,
hay textos manuscritos y primeras ediciones,
fotos de sus veladas literarias y algún amor.
La vida de escritura prolífica dibujada
modifica un tanto mi percepción galdosiana,
la descripción de Emilia en sus cartas amorosas,
toda la influencia de su obra en el presente.
Salgo de allí inundado de luz y de ansia lectora,
observo extasiado la sonrisa de la gente,
antes de pisar las mismas calles, ya distintas,
que acogieron aquella multitud en su despedida.
