En el cielo está la belleza:
he aprendido a mirar las nubes,
las estrellas fugaces en agosto,
las nubes colgantes,
las crepusculares, el algodón,
la inesperada tormenta de verano.
Pasan los días y se desvanece
la estación de estío, anochece
a una hora no acostumbrada,
en la ciudad abarrotada una pátina
gris todo impregna, abandono
del ansia sensual, del milagro
de la contemplación celeste.
Uno está formado por la belleza
que es capaz de contemplar,
por el placer que puede compartir,
y por los libros en proceso de lectura,
contrapesado todo ello
por una nube negra, carga vital
de todo lo demás, fango triste insoslayable.
Encuadro la trayectoria fugaz lumínica,
la paleta de colores del crepúsculo,
el azul intenso antes del amanecer,
lo almaceno en el fondo de emergencia
presto para ser utilizado durante el invierno.

